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¿Cómo andamos de uranio?

Antonio Gershenson

Todavía necesitamos mayor difusión para que la población, en general, tenga la información completa y cierta. Quienes tienen la información, tienen el poder supuestamente dijo el filósofo inglés Thomas Hobbes. Y algunos siglos después, esa frase sigue vigente. Nos llevan a un largo camino recorrido por las empresas que tienen los medios para explorar y extraer recursos naturales, como el uranio, el litio y otros minerales, aun en tierras ajenas.

El sometimiento a tratados comerciales desventajosos para el país ha provocado que nos hayan rebasado, por la derecha, aquellas empresas que conocen mucho más de nuestros yacimientos que nuestras propias instituciones.

La información existe, sin embargo, no llega a todo mundo. Por ejemplo, cada dos años se publica, desde 1965, un informe acerca de la situación de los recursos de uranio en el mundo: la Agencia para la Energía Nuclear (AEN), de la OCDE, y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

La AEN es un organismo intergubernamental, integrante de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos(OCDE). Coordina el apoyo tecnológico entre las naciones avanzadas en la industria nuclear para garantizar la seguridad y el desarrollo científico en esta área.

El uranio en el mundo es suficiente para las necesidades que, hasta el momento, se requieren. Este es el informe que publica Uranium-Resources, Production and Demand. A esta edición, que es bianual, también se le conoce como El libro rojo sin que esta característica tenga que ver con alguna ideología política.

En la edición vigente de esta publicación, se informa que no obstante la pandemia del SARS-CoV-2, aumentaron modestamente los recursos del uranio en comparación con otros años. Por ejemplo, para enero de 2019, se obtuvieron 8 millones 70 mil 400 toneladas de uranio metálico (tU). Tonelaje que incluye el conjunto de los recursos de uranio razonablemente asegurados y deducidos recuperables a un precio de alrededor de 25 dólares la libra.

En México, es obligado profundizar en la investigación y la exploración. Diversos grupos de profesionales del área externan la preocupación de que en el país la información sea restringida. Sin datos más completos y actualizados no se puede avanzar en el área legislativa, así como tampoco en la aplicación de la política de optimización de los recursos naturales. Sobre todo en aquellos que son fundamentales para la economía nacional y, especialmente, en los que tienen que ver con la independencia económica, es decir, con la soberanía energética.

Tampoco es permisible que empresas extranjeras condicionen, como en el caso del litio de Sonora, su estancia en nuestros yacimientos, donde realizan actividades de investigación, exploración y extracción, con la consigna de que no permitirán que el gobierno federal nacionalice el mineral. Dicho con total desconocimiento de nuestra Constitución política.

Sin embargo, la industria nuclear nacional no puede conformarse con ser dependiente de las naciones que tienen un alto desarrollo de la industrialización del uranio y con amplia experiencia en su comercialización. Algunos acuerdos de apoyo entre países desarrollados y aquellos que no lo son, les someten por tiempo indefinido a la dependencia tecnológica que les deja sin la posibilidad de desarrollar su propia industria, de acuerdo con sus necesidades y posibilidades.

La preocupación mundial está centrada en combatir las emisiones descontroladas de carbono. Naciones altamente industrializadas como China, Rusia, Alemania y Estados Unidos, que recientemente decidió regresar al Pacto de París, están cumpliendo el acuerdo. El porcentaje que se persigue dependerá de la ratificación del total de los 100 países que originalmente, el 4 de noviembre de 2016, iniciaron este importante compromiso, México entre ellos.

El ofrecimiento de nuestra nación es reducir 25 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero. Para cumplir, el esfuerzo es avanzar en la transición hacia la utilización masiva de energía limpia. Por tanto, es la nuclear la que puede dar esos pasos a la utilización de una fuente depurada, menos costosa y mucho menos contaminante.

Recordemos que la central termonuclear Laguna Verde, ubicada en Veracruz, no obstante su productividad y seguridad, es un ejemplo del desinterés de los gobiernos neoliberales por la industria nuclear. Esta planta ha tardado más de 20 años en construirse y todavía falta mucho por hacer.

Twitter: @AntonioGershenson

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