Débito: la herencia impagable // Un deudor en cada hijo te dio… Carlos Fernández-Vega

México SA

Débito: la herencia impagable // Un deudor en cada hijo te dio

Carlos Fernández-Vega
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Para nadie es un secreto que una de las herencias más onerosas del sexenio peñanietista es la voluminosa deuda pública y el enorme costo financiero que implica. Sólo para dimensionarlo, a pesar de que el gobierno de López Obrador no se ha endeudado, de las arcas nacionales salieron 335 mil millones de pesos en el primer semestre del presente año para cubrir el costo financiero del débito heredado, un monto alrededor de 10 por ciento superior al presupuesto para educación pública autorizado para 2019.

De ese total, sólo al pago de intereses de la deuda –interna y externa– se destinó cerca de 98 por ciento, es decir, alrededor de 328 mil millones de pesos; el resto se canalizó a cubrir las comisiones cobradas por los intermediarios financieros.

Lo anterior, si bien es una sangría brutal, únicamente ejemplifica lo que sucedió en el sexenio de Enrique Peña Nieto, a lo largo del cual se duplicó el saldo de la deuda del sector público federal, al pasar de 5.3 billones de pesos en diciembre de 2012 a 10.8 billones.

Lo peor del caso es que ese descomunal incremento no se utilizó para impulsar el crecimiento económico ni mejorar el nivel de bienestar de los mexicanos, sino para, fundamentalmente, pagar los intereses de la propia deuda, una dinámica también observada en los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón. En esos dos sexenios, más el de Peña Nieto, el saldo de la deuda pública se multiplicó por cinco.

En el balance, el gobierno anterior incrementó la deuda del sector público en alrededor de 5.5 billones de pesos (casi un billón por año de estancia en Los Pinos), monto que utilizó mayoritariamente para el pago de los intereses de ese mismo débito.

En esa dinámica, en los seis años de Peña Nieto salieron de las arcas nacionales cerca de 2.8 billones de pesos (de los 5.5 billones que aumentó el débito) para cubrir los intereses de la deuda pública interna y externa, a razón de un promedio anual –en números cerrados– de 500 mil millones. A pesar del voluminoso pago referido, el saldo de ese débito cerró dicho gobierno en 10.8 billones de pesos.

De acuerdo con la estadística de la Secretaría de Hacienda, a lo largo del gobierno que prometió mover a México (todo indica que al abismo), los habitantes de este heroico país –incluidos los recién nacidos– debieron pagar, en promedio y sólo por intereses, mil 700 millones de pesos cada 24 horas de gobierno peñanietista.

El incremento sostenido de la deuda externa y la permanente devaluación del tipo de cambio peso-dólar provocaron que, en moneda nacional, el pago de intereses de ese débito se incrementara 153 por ciento: por tal concepto, en diciembre de 2012 se erogaron poco más de 76 mil millones de pesos: seis años después, en diciembre de 2018, el monto superó 192 mil 300 millones. Y en el cuento de nunca acabar, el pago de réditos de la deuda interna casi se duplicó en el citado periodo.

Sirva lo anterior para dar contexto a la información publicada ayer por La Jornada (Dora Villanueva): “la deuda por habitante creció en las pasadas dos décadas a una tasa que multiplicó por cuatro el aumento del producto interno bruto (PIB), muestran cifras oficiales. En 2020 la relación entre el endeudamiento del sector público y la población del país será la más elevada registrada hasta ahora: cada mexicano deberá 94 mil 198 pesos.

Analizando un periodo de dos décadas, los datos oficiales exhiben un incremento de 73 mil 436.28 pesos en el endeudamiento por habitante entre 2000 y 2020. En ese mismo lapso, mientras la economía creció en promedio 2 por ciento anual, la deuda lo hizo a un promedio anual de 8 por ciento.

La información de La Jornada detalla que, por el débito gubernamental, en diciembre de 2000, cuando el mariguanero Vicente Fox se aposentó en Los Pinos, cada mexicano debía cerca de 21 mil pesos; en 2018, al concluir el sexenio de EPN, el adeudo superaba 84 mil pesos.

Las rebanadas del pastel:

El reciente nombramiento de Manuel Espino es repugnante. ¿Qué necesidad tiene la 4-T de recurrir a este chaquetero profesional?

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