México SA

¿Presidente del empleo?

Creciente déficit de plazas

Informalidad inamovible

Carlos Fernández-Vega
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Con un tono u otro, pero siempre como parte del bombardeo propagandístico, los tres últimos inquilinos de Los Pinos se ha autoproclamado campeones en la generación de plazas laborales, e incluso uno de ellos aseguró ser el (rotundamente fracasado) presidente del empleo. Durante su estancia en la residencia oficial Vicente Fox presumió fuentes de trabajo a manos llenas (en los hechos exportó –expulsó de su tierra– el mayor volumen de mano de obra que se tenga registro, es decir sus famosos jardineros de alta calidad), porque, presumía y mentía, el empleo en México está en franca recuperación.

En su sexenio, según el registro oficial del IMSS, a duras penas acumuló poco menos de 890 mil plazas permanentes y cerca de 300 mil eventuales, con lo que sólo atendió 20 por ciento de la demanda real; es decir, quedaron fuera de la jugada ocho de cada 10 mexicanos en edad y condición de laborar que por primera vez intentaron incorporarse a la economía formal. Ello, desde luego, sin considerar el rezago histórico en este renglón.

Cínicamente Felipe Calderón se autoproclamó presidente del empleo, lo que, como todos sus grandes logros para que los mexicanos vivan mejor, resultó en mero discurso. Durante sus seis años en la residencia oficial el registro del IMSS reconoció la incorporación de alrededor de un millón 600 mil trabajadores permanentes y cerca de 700 mil eventuales. En la docena trágica panista el outsourcing creció como la espuma y la informalidad sentó sus reales. La tasa oficial de desocupación se elevó permanentemente y su política laboral fue un sonado fracaso, como tantos otros.

Y llegó el del México en movimiento, Enrique Peña Nieto, quien –lo mismo que Fox y Calderón– prometió empleo a manos llenas y la formalización de centenas de miles de plazas laborales (algo así como 400 mil por año de estancia en Los Pinos, gracias a la reforma laboral, claro está). La administración peñanietista (hasta junio pasado) celebra el registro adicional de aproximadamente 2 millones 850 mil plazas en el IMSS (eventuales 15 por ciento) y se autoproclama como el sexenio del empleo. Sin embargo, no detalla cuántas son realmente nuevas y cuántas sólo se formalizaron. Lo maneja como secreto de Estado.

En cualquier caso, la cifra que ahora se presume en Los Pinos es la mejor de los llamados gobiernos del siglo XXI, pero oficialmente a estas alturas en la desocupación abierta se mantienen alrededor de dos millones de mexicanos. Entonces, el resultado parecería bueno, pero no alcanza para hacer fiesta.

Para efectos comparativos vale recordar que sólo en los sexenios de Calderón y Peña Nieto la población económicamente activa se incrementó en poco más de 8 millones de personas, pero en ese mismo periodo oficialmente sólo se crearon (y/o formalizaron) alrededor de 5 millones 150 mil plazas laborales en el sector formal de la economía, de tal suerte que lejos de reducirse el rezago histórico en este renglón se incrementa presidente del empleo tras presidente del empleo. Y en la informalidad se mantiene alrededor de 60 por ciento de la PEA, por lo que es obvio que nada hay que celebrar. En este sentido, el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) aporta la siguiente numeralia sobre los resultados laborales de los tres autoproclamados presidentes del empleo”. Va, pues.

La precarización del mercado laboral se ha generalizado en México durante los últimos 17 años. En 17 de las 32 entidades federativas que integran la nación hay más población ocupada que no recibe ingresos respecto de la que tiene un ingreso superior a cinco salarios mínimos: existe mayor ocupación precaria que la bien remunerada. En Guerrero y Oaxaca la proporción de personas que tienen una ocupación pero no reciben un salario supera en más de 900 por ciento a aquellas que tienen una ocupación laboral con un ingreso superior a cinco salarios mínimos. Chiapas, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Veracruz, Hidalgo, Zacatecas, y Michoacán complementan a las 10 entidades de la República donde el número de personas que no reciben ingresos supera en más de 200 por ciento a las que ganan más de cinco salarios mínimos.

Además, la proporción de personas ocupadas que no reciben ingresos respecto de las que ganan más de cinco salarios mínimos se ha incrementado en la mayor parte de las entidades desde el cuarto trimestre de 2000 y hasta el primero de 2017: solamente nueve estados han logrado reducir dicha proporción. El mayor problema se observa en los estados del sur y sureste, poco industrializados, donde existe una situación de crisis energética y están vinculados a la baja capacidad para generar valor agregado en su sector primario y de servicios.

Los indicadores muestran que han desaparecido 1.83 millones de fuentes de ocupación y empleo que pagan más de cinco salarios mínimos. Ello implica que la incorporación de más población en edad de trabajar no ha encontrado más oportunidades para laborar en donde se pague mejor. A nivel estatal sólo dos entidades federativas incrementaron el número de personas con un ingreso superior a cinco salarios mínimos: Chihuahua (25 mil 400) y Baja California Sur (25 mil 800).

La mayor reducción en la ocupación y empleo bien remunerado (más de cinco salarios mínimos) se contabilizó en la Ciudad de México (-303 mil), estado de México (-247 mil), Veracruz (-200 mil), Baja California (-190 mil) y Nuevo León (-131 mil). Entre el cuarto trimestre de 2000 y el primero de 2017 se crearon 854 mil fuentes de ocupación y empleo en el rango de quienes perciben menos de un salario mínimo. Guerrero, Tamaulipas y Guanajuato son los líderes en la creación de estas plazas, todos ellos con más de cien mil puestos de trabajo adicionales en este rango.

La desaparición de empleo bien remunerado a cambio de la creación del que paga menos de un salario mínimo, o incluso por abajo, conduce a la precarización del bienestar de la sociedad mexicana. Se puede inferir que existe un problema estructural en la economía nacional: la tendencia creciente a la precarización del ingreso laboral; desaparecen fuentes de ocupación y empleo que pagan más de cinco salarios mínimos y al mismo tiempo que no se puede disminuir el número de personas ocupadas que no reciben ingresos por la ocupación desempeñada.

Entonces, ¿celebramos?

Las rebanadas del pastel

Otro compromiso fallido: lo que sí se incrementa, y a paso veloz, es la violencia y los asesinatos en el país, con lo que el sexenio de Peña Nieto cerrará peor que el de Calderón, lo que ya es decir.

Twitter: @cafevega

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