El “nuevo orden petrolero mundial” de Rusia y Arabia Saudita: con la mira en China e India

Bajo la lupa

El nuevo orden petrolero mundial de Rusia y Arabia Saudita: con la mira en China e India

Alfredo Jalife-Rahme
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A 80 kilómetros al norte de Doha se encuentra la ciudad industrial Ras Laffanes, que es el sitio principal de Qatar para la producción de gas natural licuadoFoto Afp
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No es lo mismo la geopolítica del petróleo que la del gas. Esta última ha desembocado en una guerra civil árabe entre Arabia Saudita (AS), potencia petrolera de primer orden, y Qatar, su anterior aliada en el esquema del Consejo de Cooperación del Golfo y una de las principales potencias gaseras del planeta.

Más allá de la añeja discordia contenida de Qatar y AS –cuando Doha es acusada de apoyar a los enemigos de Riad: desde Irán hasta los Hermanos Musulmanes, quienes fraguaron el montaje de la primavera árabe, primordialmente en Egipto–, a mi juicio, tanto el factor gasero como la próxima apertura de las transacciones internacionales de la divisa china, el renminbi, en Doha, la capital qatari, han contribuido enormemente en la discordia fronteriza entre AS y Qatar.

Considerando las discrepancias religiosas y raciales, Qatar –país árabe de orientación wahabita, curiosamente de la misma teología de AS– e Irán –país persa de esencia chiíta– sellaron su destino al compartir uno de los máximos campos gaseros del planeta en el Golfo Pérsico y cuyos emolumentos son retribuidos con el renminbi, dejando de lado al dólar, lo cual explica la furia tuitera de Trump contra Qatar, donde Estados Unidos (EU) ostenta su principal base militar en el Golfo Pérsico: Al Udeid, al sur de Doha.

En la fase de la crisis económica de EU, tanto China como Irán han detectado que la furia trumpiana, como la de Obama en su momento presidencial, es atemperada mediante la compra masiva de aviones Boeing.

En el Medio Oriente se habla abiertamente de que AS pudo revertir la franca hostilidad de Obama gracias a su compra programada en los próximos 10 años de juguetes bélicos estadunidenses por 380 mil millones de dólares: contrato espectacular que descolgó Trump con su célebre danza de los sables, lo cual intenta imitar Qatar, en un nivel más ínfimo, mediante la compra de 15 aviones de combate de EU por 12 mil millones de dólares en plena crisis en el Golfo Pérsico (https://goo.gl/BVPaUT).

Parece que tirios y troyanos ya le encontraron su talón de Aquiles pecuniario a Trump.

Lo que desarregla Trump lo recomponen su secretario del Pentágono, James Mad dog Mattis, y su secretario de Estado, Rex Tillerson, anterior mandamás de ExxonMobil, quien negoció durante 16 años con los países árabes del Golfo (https://goo.gl/NTgzoK).

Después del apoyo de Trump al asfixiante boicot de AS y sus aliados regionales contra Doha, ahora el Pentágono emprende hipócritas ejercicios militares con Qatar.

La agencia británica Reuters exhumó en fechas recientes el eje del amor y el advenimiento de un nuevo orden petrolero global procurado por la détente entre AS y Rusia, las dos máximas potencias en su género (https://goo.gl/GckUey).

Más allá del recorte en sus respectivas producciones, con el fin de frenar el desplome del oro negro que ha afectado sustancialmente a sus economías, el jerarca de la petrolera rusa Rosneft, Igor Sechin, íntimo del zar Vlady Putin, y el mandamás de la estatal saudita Aramco, Amin Nasser, tuvieron un encuentro formal en Dhahran con el fin de cooperar en los mercados crecientes asiáticos desde India hasta Indonesia, lo cual no tiene precedente, a juicio de Reuters que comenta que la détente entre AS y Rusia hubiera sido impensable en el pasado, pese al desafío del pico en la producción del shale oil (petróleo esquisto) por EU y su fracking letal que llevó al desplome del precio a mitad de 2014.

La competencia fue feroz entre AS y Rusia por la captura de los fulgurantes mercados asiáticos, los más veloces en crecimiento del planeta, y llegó a su clímax con la compra por 13 mil millones de dólares de la refinería Essar de India por Rosneft que se adelantó a Aramco.

Ahora Rosneft y Aramco han constituido un nuevo eje del amor en fechas recientes el zar Vlady Putin recibió en el Kremlin a Muhamed bin Sultan (MbS), hijo juvenil del rey Salman y vice príncipe heredero, con el fin de profundizar su cooperación petrolera y aminorar sus diferencias en Siria donde apoyan a bandos opuestos.

MbS no oculto su intención en estabilizar los mercados petroleros y los precios de la energía.

A juicio de los reporteros de Reuters, Rusia y AS han dejado sus querellas petroleras atrás cuando hoy la necesidad los ha obligado a ponerse de acuerdo y no se pueden dar el lujo de sufrir otro choque petrolero cuando Rusia enfrenta una elección presidencial en 2018 y MbS ha prometido tanto reformar la economía saudita monodependiente del petróleo, como iniciar la privatización de Aramco, mediante una oferta pública inicial, que tiene un valor azorante de dos billones de dólares.

Según Reuters, la salida del veterano ministro saudita Ali Naimi, demasiado anquilosado con inoperantes esquemas caducos, sustituido el año pasado por el más pragmático Khalid al-Falih, ayudó al acercamiento impensable de AS y Rusia, lo cual fue facilitado por el nuevo secretario de la OPEP, Mohammad Barkindo, oriundo de Nigeria, quien festejó el nuevo eje del amor como un nuevo capítulo en la historia del petróleo.

John Defterios (JD) de CNN, alude al nuevo Gran Juego de la Energía, en referencia al acuerdo histórico de Rusia y AS para reducir 1.8 Millones de Barriles al Día (MBD) en el primer trimestre de 2018 (https://goo.gl/h3Yxzu).

A juicio de JD, el acuerdo de Rusia y AS enmascara la batalla por el mercado chino y su persistente sed por el crudo, no se diga el ascendente mercado de India, otro relevante consumidor.

Lo cierto es que la tripleta de Rusia, AS e Irán han volteado sus baterías exportadoras a China e India cuando las recientes sanciones bipartidistas del Congreso de EU golpean las exportaciones gaseras tanto de Rusia como de Irán a Europa: lo cual afecta más que nadie a Alemania que puso el grito en el cielo en franca rebeldía atlantista.

JD rememora que las sanciones atlantistas en 2014, como consecuencia del contencioso ucraniano, empujaron a que el zar Vlady Putin y el mandarín Xi acordaran el abasto de gas natural por 30 años a un precio mirífico de 400 mil millones, pero con precios muy castigados debido a la crisis económica de Rusia y la devaluación del rublo que ahora ha tocado fondo y emprende su recuperación.

La cooperación de AS con China proviene desde la visita a Pekín del fallecido rey Abdala en 2008, quien estableció una asociación estratégica entre Aramco y una petrolera estatal china, sumada de la construcción de una refinería gigante en el mar Rojo que maneja 400 mil barriles al día.

En fechas recientes, el rey Salman realizó una espectacular gira de un mes a China y a dos países islámicos sunitas del sudeste asiático: Malasia e Indonesia.

Hoy Asia representa casi la tercera parte de la demanda global con 31.4 MBD, según la consultora FACTS Global Energy.

Lo interesante es que Qatar, una potencia gasera de primer orden, ha comprado una parte sustancial de acciones de la petrolera rusa Rosneft cuando el Kremlin juega simultáneamente a las dos geopolíticas no necesariamente compatibles del petróleo y el gas.

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