Algo terminó de romperse

Algo terminó de romperse, artículo de Alfredo Figueroa

¿Cuánto más se puede silenciar la incompetencia de los enemigos de la estridencia? ¿Cuánto más se puede invisibilizar el secuestro de parte del INE por el gobierno?

(Foto: Archivo)

A ellas y ellos que compartieron
“conmigo una almohada en el infierno” J.S

Alfredo Figueroa Fernández

 

La primera imagen del domingo por la noche no fue la de una encuesta que daba a conocer quién había ganado las elecciones en el Estado de México. La imagen no llegó del monitor sino de la memoria. La fotografía de Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier y Rosario Ibarra caminando juntos, cuando en 1988 decidieron dar la batalla contra el fraude electoral. La frase de una informada sobremesa, apenas unos días antes, era una de las primeras lecciones de ese domingo “cueste lo que cueste el PRI no perderá el Estado de México”. El 4 de junio algo terminó por romperse.

En la última reforma electoral de 2014 se intentó atender diversas y estructurales carencias de las elecciones en México, las resistencias del PRI y sus aliados aunados a la incapacidad o complicidad de la oposición, terminaron por desnaturalizar buena parte de una reforma necesaria.

Más tarde, la conformación del Consejo General del INE mostraba una selección mayoritaria de enemigos de la reforma. La historia de este Consejo inicia con la inexplicada paradoja por la cual, prácticamente todos los que fueron electos para formar parte del órgano de dirección, censuraron, criticaron y abiertamente se opusieron a la creación del INE. Algunos de ellos incluso, negociaron un pase directo del IFE al INE con el Gobierno Federal, quien se encargó de informarlo y negociarlo con el PAN y el PRD. La Reforma original no había sido completada y, además, la mayoría de sus operadores centrales se encargarían de finiquitarla.

Dos de las más notables pretensiones de la reforma son hoy el eje central del cuestionamiento a las elecciones y a las autoridades: los órganos electorales de los Estados, que deberían tener independencia, permanecieron controlados por los gobernadores, de igual forma, la intervención de dinero, tanto de recursos públicos como privados ilegales, hacen que la fiscalización del INE –principal razón de la Reforma Electoral- sea una burla y una vergüenza pública.

La revelación de esta semana del diario Reforma muestra el tamaño de la incapacidad del Consejo General del INE, cuando en las elecciones del año pasado en Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, podrían haber circulado cerca de 800 millones de pesos ilegales que ellas y ellos no vieron. Dinero empleado por el PRI, del que sabemos algo porque los ganadores de las elecciones son de un partido distinto al Revolucionario Institucional y por el trabajo de la FEPADE. Se trata de elecciones que fueron ganadas por la oposición, a pesar del silencio estridente de la autoridad electoral frente a la corrupción política.

Veracruz tenía como tope de gastos de campaña 87 millones de pesos, y hoy se ha presentado evidencia del desvío de 300 millones; el tope de gastos de Quintana Roo era 4.5 millones y el monto denunciado es de 200 millones de pesos; por último, Chihuahua tuvo un tope de gasto de 47 millones y un desvío de cerca de 247 millones de pesos. En ninguna de estas elecciones el INE determinó rebase de topes de gastos de campaña. ¿Cuánto dinero circuló en las 14 elecciones en disputa en 2016 que el INE no vio? ¿Cuánto más se puede silenciar la incompetencia monumental de los enemigos de la estridencia? ¿Cuánto más se puede invisibilizar el secuestro de parte de las y los consejeros del INE por el gobierno de Peña Nieto?

La fiscalización del INE y las confirmaciones del Tribunal Electoral al respecto son el símbolo de la impunidad, son la patente de corso de la corrupción política.

Ha llegado el momento de enfrentar la simulación democrática con algo más que sólo el número de casillas instaladas, contar la historia de que la mampara es la garantía del voto libre y secreto, repetir: “no es mi responsabilidad, fue el OPLE, pruebas, es la posverdad”. Ha llegado el momento de que terminen la propaganda y la deshonestidad democrática. Los responsables individual y colectivamente tienen que verse sin maquillaje al espejo por un momento.

Ha llegado el momento de que el cálculo político de las ventajas y desventajas de los posibles o seguros contendientes al 2018, se mantenga al margen y busquen responder una pregunta: ¿existen condiciones institucionales para detener al PRI y al gobierno que con recursos ilimitados e ilegales pretende contender en las próximas elecciones? No solo ellos, tu y yo también tendremos que responderlo.

El 4 de junio se rompió algo, no por quien ganó y quien perdió, se rompió algo porque confirmamos que se ha normalizado la corrupción y la impunidad, la intimidación y el miedo como los mecanismos principales de la competencia democrática. Ese domingo terminó de romperse la autonomía, la independencia y la libertad incluso como una aspiración, un ideal o una esperanza.

Tenemos que decidir si la lucha que revela la fotografía de 1988 es nuestra causa y apuesta común. Si nos vamos a situar del lado de la mesa que enfrenta desde ahora la restauración autoritaria, o si, en cambio, decidimos que así y de esta manera, es como pensamos enfrentar las elecciones 30 años después del 88.

¿Cuánto más se puede silenciar la incompetencia de los enemigos de la estridencia? ¿Cuánto más se puede invisibilizar el secuestro de parte del INE por el gobierno?lgo terminó de romperse

A ellas y ellos que compartieron
“conmigo una almohada en el infierno” J.S

Alfredo Figueroa Fernández

La primera imagen del domingo por la noche no fue la de una encuesta que daba a conocer quién había ganado las elecciones en el Estado de México. La imagen no llegó del monitor sino de la memoria. La fotografía de Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier y Rosario Ibarra caminando juntos, cuando en 1988 decidieron dar la batalla contra el fraude electoral. La frase de una informada sobremesa, apenas unos días antes, era una de las primeras lecciones de ese domingo “cueste lo que cueste el PRI no perderá el Estado de México”. El 4 de junio algo terminó por romperse.

En la última reforma electoral de 2014 se intentó atender diversas y estructurales carencias de las elecciones en México, las resistencias del PRI y sus aliados aunados a la incapacidad o complicidad de la oposición, terminaron por desnaturalizar buena parte de una reforma necesaria.

Más tarde, la conformación del Consejo General del INE mostraba una selección mayoritaria de enemigos de la reforma. La historia de este Consejo inicia con la inexplicada paradoja por la cual, prácticamente todos los que fueron electos para formar parte del órgano de dirección, censuraron, criticaron y abiertamente se opusieron a la creación del INE. Algunos de ellos incluso, negociaron un pase directo del IFE al INE con el Gobierno Federal, quien se encargó de informarlo y negociarlo con el PAN y el PRD. La Reforma original no había sido completada y, además, la mayoría de sus operadores centrales se encargarían de finiquitarla.

Dos de las más notables pretensiones de la reforma son hoy el eje central del cuestionamiento a las elecciones y a las autoridades: los órganos electorales de los Estados, que deberían tener independencia, permanecieron controlados por los gobernadores, de igual forma, la intervención de dinero, tanto de recursos públicos como privados ilegales, hacen que la fiscalización del INE –principal razón de la Reforma Electoral- sea una burla y una vergüenza pública.

La revelación de esta semana del diario Reforma muestra el tamaño de la incapacidad del Consejo General del INE, cuando en las elecciones del año pasado en Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, podrían haber circulado cerca de 800 millones de pesos ilegales que ellas y ellos no vieron. Dinero empleado por el PRI, del que sabemos algo porque los ganadores de las elecciones son de un partido distinto al Revolucionario Institucional y por el trabajo de la FEPADE. Se trata de elecciones que fueron ganadas por la oposición, a pesar del silencio estridente de la autoridad electoral frente a la corrupción política.

Veracruz tenía como tope de gastos de campaña 87 millones de pesos, y hoy se ha presentado evidencia del desvío de 300 millones; el tope de gastos de Quintana Roo era 4.5 millones y el monto denunciado es de 200 millones de pesos; por último, Chihuahua tuvo un tope de gasto de 47 millones y un desvío de cerca de 247 millones de pesos. En ninguna de estas elecciones el INE determinó rebase de topes de gastos de campaña. ¿Cuánto dinero circuló en las 14 elecciones en disputa en 2016 que el INE no vio? ¿Cuánto más se puede silenciar la incompetencia monumental de los enemigos de la estridencia? ¿Cuánto más se puede invisibilizar el secuestro de parte de las y los consejeros del INE por el gobierno de Peña Nieto?

La fiscalización del INE y las confirmaciones del Tribunal Electoral al respecto son el símbolo de la impunidad, son la patente de corso de la corrupción política.

Ha llegado el momento de enfrentar la simulación democrática con algo más que sólo el número de casillas instaladas, contar la historia de que la mampara es la garantía del voto libre y secreto, repetir: “no es mi responsabilidad, fue el OPLE, pruebas, es la posverdad”. Ha llegado el momento de que terminen la propaganda y la deshonestidad democrática. Los responsables individual y colectivamente tienen que verse sin maquillaje al espejo por un momento.

Ha llegado el momento de que el cálculo político de las ventajas y desventajas de los posibles o seguros contendientes al 2018, se mantenga al margen y busquen responder una pregunta: ¿existen condiciones institucionales para detener al PRI y al gobierno que con recursos ilimitados e ilegales pretende contender en las próximas elecciones? No solo ellos, tu y yo también tendremos que responderlo.

El 4 de junio se rompió algo, no por quien ganó y quien perdió, se rompió algo porque confirmamos que se ha normalizado la corrupción y la impunidad, la intimidación y el miedo como los mecanismos principales de la competencia democrática. Ese domingo terminó de romperse la autonomía, la independencia y la libertad incluso como una aspiración, un ideal o una esperanza.

Tenemos que decidir si la lucha que revela la fotografía de 1988 es nuestra causa y apuesta común. Si nos vamos a situar del lado de la mesa que enfrenta desde ahora la restauración autoritaria, o si, en cambio, decidimos que así y de esta manera, es como pensamos enfrentar las elecciones 30 años después del 88.

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