El INE, mísero y regresivo

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- El gran perdedor de la jornada electoral del domingo 4 fue la autoridad e­lectoral. Las fundadas sospechas de manipulación (o al menos errores constatables de operación que las generan) en los programas de resultados electorales preliminares en el Estado de México y Coahuila, así como el retiro de toda la oposición de las sesiones del cómputo de votos en Coahuila, son algo que parecía totalmente superado en los procesos electorales mexicanos.

Las elecciones de 2015 y las locales de 2016 dejaron evidencias de lo endeble del diseño institucional, que coloca a los organismos públicos locales electorales (OPLE) bajo la supervisión del Instituto Nacional Electoral, pero para su fortuna han sido holgadas las diferencias entre el primero y segundo lugares en prácticamente todas las elecciones de gobernador –salvo la de Colima, que finalmente fue anulada aunque por causas atribuibles a la intromisión del gobierno estatal.

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