De alianzas y modestia

De alianzas y modestia

Octavio Rodríguez Araujo

A mí me parece más que correcto que se busquen maneras de evitar que el PRI gane de nuevo la Presidencia de la República el año próximo. Pero en esta reflexión más o menos compartida con millones de mexicanos sobresale una preocupación: ¿no deberíamos pensar lo mismo sobre el PAN?, ¿o este partido fue mejor en sus 12 años de gobierno que el PRI? Pienso que tan negativos han sido los gobiernos del PAN como los del PRI. Ambos institutos políticos deberían ser frenados, ambos son obsoletos, ambos están rebasados, ambos han demostrado ser absolutamente ineficaces, comenzando por los métodos que han seguido para combatir, según ellos, el crimen organizado y la inseguridad que sigue creciendo en México.

Los gobiernos del PRD, por ahora locales, no han logrado distinguirse en lo fundamental de los priístas y los panistas, salvo en ciertas medidas que bien pueden ser calificadas como progresistas: despenalización del aborto, matrimonios igualitarios, etcétera y que obviamente la Iglesia católica (y otras) no aceptan. Qué bueno que los perredistas hayan logrado esas conquistas (que debieran generalizarse), pero en los hechos y en la práctica, como diría Wallerstein (La Jornada, 03/06/17), no se han traducido en mejoras sustanciales para millones de pobres y miserables que siguen soportando sobre sus hombros el peso de la explotación, la exclusión y la prescindencia que exigen los mercados en esta ya larga etapa de la globalización neoliberal.

El principal debate, si estoy entendiendo bien lo que leo a diario en los periódicos nacionales, es qué hacer para derrotar al PRI en 2018, sobre todo después de conocer su deshonesto desempeño que, al parecer, las autoridades electorales mexiquenses nunca vieron. Para todos, salvo para quienes creen tener la verdad revelada de su lado, si Morena y el PRD se hubieran aliado para los comicios mexiquenses el PRI habría perdido. Yo no tengo duda de esto. Y a los partidarios de la alianza PRD-PAN sólo les recordaría que, de haberse concretado, también hubieran perdido, si damos por buenos los resultados oficiales.

¿Por qué no se dio una alianza Morena-PRD en el Edomex? Hay muchas versiones, y algunas son suficientemente vagas como para aceptarlas como ciertas. Sin embargo, sabemos, sin sombra de duda, que al cuarto para las 12 López Obrador invitó a los candidatos del PRD y del PT a declinar en favor de Delfina Gómez. Y añadió que si no lo hacían no irían juntos el año entrante. Sólo declinó el del PT, pero sus votos no se podían sumar a Morena, pues no había coalición registrada como sí la hubo del PRI con los partiditos que, pequeños y todo lo que se quiera, fueron los que (formalmente) le dieron el triunfo en la entidad (recuérdese que el PRI por sí mismo ganó menos votos que Morena). ¿Qué objeto tenía la declinación a la que invitaba AMLO? En la práctica, ninguno que fuera de utilidad electoral, salvo que se tratara de probar lealtades o, tal vez, de revalidar su liderazgo (para mi gusto, arrogante): algo así como no los necesito, Morena solo puede ganar. ¿Ganó?, está por verse por más que sepamos que la elección distó mucho de ser limpia.

No dudo del enorme liderazgo que tiene López Obrador en el país, sobre todo en ciertas regiones del centro y sur del país. Pero en 2018 tendrá que enfrentar un reto mayúsculo que, con el PT (si mantiene su lealtad), no será suficiente para ganar. En el Congreso extraordinario de su partido del domingo pasado, AMLO se lanzó contra el PRD y le cerró la puerta para una posible alianza para derrotar no sólo al PRI sino también al PAN. ¿Está muy seguro o es un asunto de soberbia? Me inclino a pensar lo segundo aderezado con un pensamiento lineal al no entender, según parece, que el PRD no es monolítico y que hay corrientes en su interior, nada despreciables, que sí estarían dispuestas a coaligarse con Morena para derrotar al PRI. Ya lo dijeron algunos conspicuos dirigentes del sol azteca que no se consideran paleros del gobierno de Peña ni de su partido.

Si Morena es, como ha dicho su dirigente, plural y donde caben desde empresarios hasta trabajadores pobres, siempre y cuando estén con el pueblo, ¿por qué no también el PRD que, por cierto, también tiene una lucha interna de corrientes por la hegemonía y no sabemos cuál será la que encabece ese partido para el próximo periodo electoral federal? A Martínez Neri y Dolores Padierna, por ejemplo, no parece haberles gustado que los metan en el mismo saco que a los chuchos de Nueva Izquierda.

Si una alianza Morena-PRD no es posible porque los de este segundo partido no son puros, pues tampoco todos los de Morena pueden presumir este calificativo. ¿No apoyó y se solidarizó AMLO, el 6 de mayo, con el reaccionario obispo de Cuernavaca y sus corruptos aliados en Morelos? ¿No fue Delfina apoyada por personajes altamente cuestionables en el estado de México? Puros, los Cohiba cubanos, porque en política no existen.

Pienso que AMLO debería de ser más modesto y no confundir sus aspiraciones políticas (que a veces parecen demasiado personales) con el superior interés de un México mayoritario que anhela cambios positivos, menores desigualdades y gobiernos más representativos y preocupados por el bienestar del pueblo y su seguridad cotidiana crecientemente deficitaria.

rodriguezaraujo.unam.mx

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