Contingencia ambiental política, fase 2

Contingencia ambiental política, fase 2

La mayoría entiende que en las elecciones el PRI retuvo el poder a jalones y a trompicones

JORGE ZEPEDA PATTERSON

Si hubiese un contador político de Imecas (la unidad de medida antes usada para la contaminación) para registrar el nivel de intoxicación del ambiente entre los habitantes del valle de México, este lunes y martes se habría declarado la contingencia ambiental política en fase 2. El estado de ánimo de muchos ciudadanos amaneció aplomado y así ha seguido tras conocerse el triunfo del PRI en las elecciones de este domingo en el vecino Estado de México (donde, además, se desparrama buena parte de la población de la capital).

Y no necesariamente porque el grueso de la opinión pública fuese favorable a la candidata de Morena, sino porque la mayoría entiende que el PRI retuvo el poder a jalones y a trompicones, echando mano de las buenas y las malas artes (sobre todo, de las segundas), bajo la consigna de que cualquier infamia era preferible a entregar a la oposición el terruño del presidente Enrique Peña Nieto y bastión político y económico del PRI. El fraude patriótico, si fuera necesario.

Un triunfo pírrico para el partido en el poder ciertamente, por el descrédito que acarrea la manera en que lo consiguió, pero para ellos infinitamente mejor que la derrota.

Morena, en cambio, me parece que ganó perdiendo. Para explicarlo permítanme describir un escenario de realidad alternativa: Delfina Gómez, la candidata de izquierda, gana y toma posesión del Gobierno local el 15 de septiembre, casi 10 meses antes de las elecciones presidenciales. El PRI y las estructuras de poder regional, que no fueron capaces de ganar, tienen todo a su favor para convertir la nueva administración en una pesadilla. Bloqueos de carreteras de parte de grupos de vecinos, huelgas estudiantiles, boicot de proveedores y transportistas, litigios incesantes, proyección en medios nacionales bajo su control de los errores y escándalos cometidos por funcionarios de la nueva administración, previamente magnificados. En suma, los priistas locales, apoyados por el actual Gobierno federal, están en condiciones de provocar un rosario de conflictos, ineficiencias, parálisis y retrasos presupuestales que conviertan a la gestión de Morena en sinónimo de caos, desorden, inseguridad, ineficiencia.

En cierta manera, el Edomex vive ya en la ingobernabilidad y con una deplorable calidad de vida en las zonas pauperizadas del oriente de la Ciudad de México. Allí vive la mayor parte de la población. Convertir estas zonas en un infierno no requiere ningún milagro, solo mala leche y muchos recursos políticos y económicos. Dos ingredientes que, acabamos de comprobar, el PRI tiene a mansalva.

Y el incentivo no podría ser mayor. El mejor de los argumentos para desacreditar la campaña presidencial de López Obrador unos meses más tarde. ¿Queremos para México el caos que hoy padece el Edomex?

Hasta aquí la ficción. Morena ganó perdiendo porque el anterior escenario podría haber sido trágico en las aspiraciones de esta organización para conquistar Los Pinos en 2018. Y, por otra parte, al perder por escaso margen en el corazón del territorio de su rival, demuestra que es la fuerza política con mayor proyección en el país.

El resultado del domingo permite extraer conclusiones a todos los contendientes. Una, que el PRI puede ganar con un tercio si logra pulverizar el voto entre muchos rivales; y dos, que Morena debe resolver su relación con el PRD si no quiere llevarse un descalabro en la madre de todas las batallas.

Me dirán que es un argumento ex post. Yo pensaría que se trata de una reflexión para extraer algún oxígeno en el medioambiente desesperanzado y tóxico que dejan las elecciones de este domingo. El peor peligro es que esa contingencia ambiental política, esa desesperanza, desencadene un permanente “hoy no circulo” político entre los ciudadanos por la apatía que provoca, por la sensación de que estamos condenados a padecer al PRI (sea en el Congreso, el Gobierno federal o en el Estado vecino). Y mi lamento no tiene que ver con el hecho de que una fuerza política venza a otra, sino que termine imponiéndose una forma desaseada de hacerlo.

La verdadera degradación de la ecología política consiste, en el fondo, no en la emanación tóxica que produce un evento como el del domingo, sino en la lenta conversión de la vida pública y de las clases políticas en súbditos y practicantes de las formas de hacer de los priistas. El gran riesgo es que todos terminemos abrazando el “haiga sido como haiga sido”. En tal caso, como Chernóbil, tardaremos generaciones en quitárnoslo.

@jorgezepedap

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