¿Cómo debe ser la unión de la izquierda?

¿Cómo debe ser la unión de la izquierda?

Antonio Gershenson / II
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El domingo pasado, en estas páginas y con este título, se analizó la respuesta a esa pregunta. Pero en los siguientes días se han publicado otros hechos que obligan a seguir el análisis, tomar en cuenta lo sucedido y otras cosas que se han difundido.

Debemos recordar algunos sucesos del pasado. Durante las anteriores elecciones presidenciales se agruparon varias organizaciones políticas con la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, que ahora es otra vez candidato. Entre las organizaciones que lo apoyaban estaban el Partido de la Revolución Democrática (PRD), y su líder era Jesús Ortega Martínez, quien fue jefe de campaña del mencionado político. El grupo que ha dirigido al PRD ha sido conocido como los Chuchos.

Por lo visto, López Obrador, a causa de los problemas que se sucedieron, decidió ya no pactar con otros organismos, sino tratar sólo con individuos o grupos pequeños, como se vio en la forma en que trató al Partido del Trabajo (PT), que describimos en el artículo pasado. No toma en cuenta que en la izquierda mexicana hay, desde hace tiempo, gran rechazo al caudillismo. También en un sector importante de los votantes.

Debería haber un solo candidato de la izquierda, pero con el apoyo de la mayor parte posible de ciudadanos. El trabajo en ese sentido implica que se llegue, en un momento dado, a acuerdos de programa y de formas de gobierno, dentro de los siguientes sectores:

Partidos y grupos de izquierda que estén de acuerdo con un programa y una forma de ejercerlo.

Sectores del PRD que no están de acuerdo en la alianza que está planteando su dirección con Acción Nacional (PAN), conocido partido de derecha.

Organizaciones sociales progresistas, como las sindicales y otros, como el Frente Auténtico del Campo.

Todos estos grupos deben reunirse lo antes posible y llegar a acuerdos comunes. Sobre esta base pueden buscar coincidencias con López Obrador, con la mayor igualdad posible, que haga a un lado toda imagen de caudillismo. Y éste debe ser más cuidadoso, pues el viernes pasado se publicó una declaración suya (página 12 de La Jornada) en el sentido de que si los líderes de PRD, PT y Movimiento Ciudadano no apoyan a su candidata en la elección de gobernador del estado de México, no aceptará su candidatura presidencial, también por esos tres partidos.

Ya tuvo un acuerdo con el PT, el cual ha estado retirando sus candidatos a gobernador en beneficio de Morena, de López Obrador.

Hay aspectos importantes de un programa que deben quedar dentro de las bases de cada proceso unificador.

Deben recuperarse elementos que se fueron abriendo a partir del gobierno de Lázaro Cárdenas y que luego se fueron liquidando, especialmente a partir de 1982, con Miguel de la Madrid. Mientras de 1940 a 1982, con todo y sus problemas, pero siempre del PRI, la economía del país fue aumentando alrededor de 6 por ciento anual. De este último año a 2016, el incremento promedio fue 2.3 por ciento anual, aproximadamente la tercera parte de lo de los 42 años que siguieron a Cárdenas, con todos los problemas que hubo en ese último periodo.

Pero incluso la caída de estos 34 años más recientes no fue pareja. Los sexenios de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo tuvieron crecimientos de poco más de 3 por ciento. Los recientes tres sexenios, incluyendo los cuatro primeros años del actual, fueron cada vez peores. Los dos primeros sexenios, de gobierno del PAN (no se deben olvidar ahora que la dirección del PRD se está aliando con ese partido de derecha), fueron de 2.1 por ciento con Vicente Fox, de 2000 a 2006, y de 1.9 por ciento con Felipe Calderón, de 2006 a 2012. Y los primeros cuatro años del tercer periodo, de la derecha priísta con Enrique Peña Nieto, fue de 1.8 por ciento. Cada sexenio es peor que el anterior, ya fuera del PRI o del PAN.

Y todavía hay supuestos de izquierda que quieren que regresen los panistas, ante el desgaste evidente del PRI, y que sigan alternándose en beneficio no sólo de los multimillonarios, sino sobre todo de las trasnacionales. Y consideran los del gobierno la gran gloria si llegan a 2 por ciento, que es muy dudoso, porque el PRI-PAN va cada sexenio peor, olvidando a propósito que nuestro crecimiento fue de 6 por ciento durante más de 40 años.

Los funcionarios, sobre todo el secretario de Hacienda, se muestran optimistas y dicen que la economía mexicana es mejor que la de Estados Unidos (lo cual no sería la gran cosa) y la de América Latina, todo esto ante la información de un gran aumento de 0.7 por ciento en el primer trimestre para México.

Pero en otra información vemos que el país del norte tuvo en ese trimestre también 0.7 por ciento de aumento, diciendo que fue la peor marca en tres años (en este mismo periódico, sábado 29 de abril, página 20). Y dice este funcionario mexicano que en el equivalente anual sería 2.8 por ciento. Debería estudiar algo de aritmética, porque no se suman los porcentajes, sino que se aplica, no el porcentaje, sino el valor total al de cada trimestre, y el valor es en relación con el mismo trimestre del año anterior. Pero, bueno, en medio de un gobierno con este nivel cultural, se ha de sentir muy sabio. Es posible que sepa sumar, pero sólo eso, como muestra lo que dijo.

Se deberían comparar, y nosotros también, no con los todavía peores, sino con la economía del este de Asia, y ver por qué es mucho mayor que lo que alcanza a ver su limitada vista.

Damos los valores anuales promedio de los últimos 10 años, 2007 a 2016. La fuente de información es el Banco Mundial:

China, 8.9 por ciento; Mongolia, 8.4 por ciento; Uzbekistán, 7.9; India, 7.3; Tayikistán, 6.7; Vietnam, 6.2; Indonesia, 5.6, y Filipinas, 5.6 por ciento. Mencionamos ocho países de esa región que alcanzaron más de 5 por ciento anual. Tienen, en su conjunto, casi la mitad de la población de todo el mundo. Comerciar con ellos puede ser más positivo que el actual comercio internacional del país, en su mayoría con Estados Unidos, que ellos mismos reconocen que tiene una economía aún peor que la nuestra (en este trimestre ya los alcanzamos en esa carrera hacia abajo). Y algunos multimillonarios y funcionarios buscan la alternativa en Europa Occidental, que tiene una economía aún peor en los últimos años.

Los salarios mínimos reales también subieron antes de 1982, y ahora se han ido de bajada. El cambio que necesita el país incluye la recuperación de los salarios reales. Y también se deben respetar los derechos de los campesinos, sectores populares, estudiantes y otros.

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