Un alcalde mandilón… Proyecto de novela negra… Parte III

UN ALCALDE MANDILÓN (III)
.
En la crónica del ensayo de esta novela negra policiaca, sale la pregunta, de si lo descrito es ficción o es realidad. Remontemos a 15 años atrás, y preguntemos ¿Qué pensarían entonces, de una persona que les predijera que en el 2017 contabilizarían 200 mil muertos y 29 mil desaparecidos y contando al alza ambos numerales? Ahora es realidad lo que antes era ficción. Yo les pregunto ¿Consideran realidad o ficción, un negocio de la droga valuado en 40 mil millones de dólares tan solo en México? Cualquier cosa puede pasar si pensamos en los números mencionados. Lo que aquí se describe es una minucia de la punta del iceberg.
.
.
La caravana del negocio pisaba ya las goteras del San Miguel de Allende cuando recibió la orden de hacer parada en el corralón de tracto camiones y contenedores, usados para traer fayuca y venderla a los tianguistas. Entraron al parador y en este punto, las hummer dejaron de escoltarlos y en su lugar lo harían dos camionetas de estacas, con gente armada y puestos arriba y tapadas con lonas. El Chipotles aprovechó para que él y su gente comieran unos tacos sudados y unas cervezas bien heladas. El calor no dejaba de azotar la espalda y el Chipotles se sentía cansado y fastidiado, llevaba varios días durmiendo poco. Quizá, por esto, no se dio cuenta que un dron seguía desde hacía buen rato al convoy. La caravana salió del estacionamiento y cruzó San Miguel, tomando rumbo a Atotonilco. El Chipotles continuó durmiendo como un bebe inocente. Sí, tan inocente y sin darse cuenta del dron que surcaba los cielos, como un halcón rastreando a su presa.
La distribución de la droga y el crimen organizado se encuentran muy fragmentados y la mayoría de las veces son bandas locales que actúan como un franquicia. De esta manera, si llegan a una ciudad los Zetas, Cartel Jalisco Nueva Generación o Templarios, localizan a las bandas de robacoches, asaltantes de casas y pillos recién salidos del bote y negocian con ellos. Los hacen llamarse de acuerdo a la franquicia, les dan armas y capacitación militar, les asignan una especie de comandante, el que se encarga de proteger la célula a cambio de porcentajes del negocio. La corrupción de la policía es necesaria, pero no se crea que todos y cada uno de los polis son sometidos al plata o, plomo. No, se llega con los secretarios de seguridad, procuradores y si es posible los alcaldes, aunque no es necesario incluir a estos últimos, ya que en la mayoría de las veces son títeres del partidos y pronto se van. Realmente el crimen organizado actúa como una serie de corporaciones financieras compitiendo entre ellas, vendiendo franquicias y disputándose territorios con baños de sangre. Es increíble al nivel que han llegado, el método Coca Cola les funciona a la perfección. Establecen lugares de venta por todos lados y de ser necesario regalan la mercancía. Así como en la Coca cola entrenan a su vendedores para que diseñen rutas críticas de ventas, del mismo modo los carteles franquiciantes entrenan a sus sicarios, enseñándoles a quien presionar, como llegar a una escuela, a quien y cómo pedir derecho de piso, que hacer cuando los agarre la policía etc. No dudo que pronto pasen el ISO 900 en el control de calidad de sus operaciones. Los carteles franquiciantes están organizados en forma piramidal y es difícil saber hasta dónde llega la punta del triangulo. Políticos, funcionarios públicos, banqueros, súper ricos y fauna nacional y extranjera depredadora que se colocan en la punta de la cadena alimenticia. El Chipotles era un simple soldado y estaba sometido al vaivén del mercado. En los arreglos de la cumbre, los gatos no cuentan.
La finca donde llegó el convoy, tenía por nombre “La espiga” y se encontraba a unos cuantos kilómetros de Atotonilco. Cinco casitas estaban acomodadas en forma de pentágono y en el centro de la figura, sobresalía una finca más grade y con grandes salas de estar y un comedor disponible para, al menos, cincuenta comensales. La parte superior de la finca se repartía entre una terraza y cinco dormitorios, cada uno con su propio baño. Esta casa de seguridad era administrada, oficialmente, por una sociedad civil que como supuesta actividad, financiaba un orfanato. El dueño de todo el conjunto, fue una persona fallecida hacía tres años, cuando el cartel negociaba “amablemente” se le vendiera la propiedad, y al no querer el individuo, murió oficialmente de un ataque cardiaco. Mejor así, cualquier investigación, no tendría relación con el cartel. El convoy se repartió en el estacionamiento apuntando todos los vehículos hacia la salida, listos para cualquier emergencia. Ya esperaban al convoy, cinco compradores acompañados de sus respectivas escoltas. El Chipotles saludo a cada uno de ellos, reconociendo a tres como compradores habituales y dos más, recomendados por los otros tres. Sentía mucho calor el Chipotles, por lo que disculpó y se retiró a bañarse a una de las cabañas. Regresó 40 minutos después, listo para terminar el negocio. Cada comprador se llevaría 300 kilos de polvo, pagando con un depósito electrónico en un banco señalado ex profeso. Así concluyeron la transacción y solo faltaba esperar, que llegara la media noche para retirarse cada quien a su respetivo destino.
Al Chipotles le fastidiaban las conversaciones de los aspirantes a capo. Si bien ya no lucían ostentosas joyas y estrafalarias armas de oro, para no ser identificados, su lenguaje los delataba. Las carcajadas brotaban entre tragos de whisky, presumiéndose entre ellos, como trofeo, heridas adquiridas en batallas contra el cartel contrario, cuando qué, el Chipotles sabía bien que estos fantoches se arrimaban a cualquier cartel de su conveniencia. Del sexo hablaban puras estupideces de las mujeres que compraban, e invariablemente las ligaban pregonando la santidad de su esposa y su madre. El Chipotles los escuchaba como música de fondo y casi no participaba en las alegatas. Por su parte, él se dedicó a saborear un coñac cuatro letras y a esperar impaciente, despedir a los aspirantes a capos. Casi al filo de la media noche, el Chipotles fue al baño pensando que pronto estaría con su Matiza y se relajaría hasta muy tarde el día de mañana.
La primer granada calló precisamente en medió de los aspirantes a capos, matándolos instantáneamente. Luego llovieron otras cinco más y terminaron destazando los cuerpos de los reunidos en el comedor. El Chipotles salió con la pistola en la mano pero antes de dispar fue alcanzado por una de las esquirlas de las granadas. No bien terminaba el estruendo de las granadas, cuando un helicóptero de la Marina, rociaba de balas calibre cincuenta, no tan solo la finca principal, sino también cada una de las cabañas. Entraron un grupo de cincuenta marinos disparando a diestra y siniestra matando a todos los que vieran, puesto qué, esas eran las órdenes. Un marino se acercó al cuerpo del Chipotles, quien todavía respiraba y miraba compasivo al marino:
-Soy el Capitán Efraín Sánchez del ejér… -balbuceó el Chipotles sin terminar la frase, debido a la herida en el tórax.
-Mucho gusto Capitán, yo soy un marino hijo de la chingada –y apuntando una 45 le soltó un plomazo en la cabeza.
Todos los residentes en la finca “La espiga” terminaron muertos. Al día siguiente, el boletín de la procuraduría decía escuetamente que, la Marina seguía desde Lázaro Cárdenas a unos sicarios y que cerca de Atotonilco, les marcaron el alto y por respuesta los sicarios dispararon contra los marinos. El enfrentamiento duro media hora y dejó como saldo 25 narcos muertos y ningún marino herido o muerto. Del polvo nada mencionaron. Las autoridades se cubrieron de gloria y de polvo.
Muy de mañana, en la ciudad donde se inició esta historia, el alcalde recibió una llamada de su tío, quien trabajaba en la Marina. Y como si le recitara un memorándum le dijo:
-Mira sobrino, te informo que quienes secuestraron a tu nieto ya no te darán lata. Pero te advierto, el arregló en la cúpula se negoció la plaza donde vives. Pronto te va a llegar un elemento de los nuestros, que es muy capaz. Tienes que nombrarlo Secretario de Seguridad y él se encargará, además de la policía, del negocio que manejaban los malosos que te molestaban. En este nuevo negocio, tú no intervengas, deja actuar a los que saben. Te estoy ablando de volada, porque tengo una cita con el Secretario. Salúdame a la familia. ¿Tienes algo que comentar?- Preguntó el tío.
-No, nada. Seguiré las instrucciones. Cuando tengas tiempo ven a la casa o llama para saludar -respondió el Alcalde.
Colgó el teléfono y se acomodó en el sillón de la sala donde recibió la llamada. Miro fijamente un cuadro del volcán Ixtacihuatl junto al Popo y pensó:

Eso le ocurrió al Chipotles por pasarse de listo y llamarme “Alcalde mandilón” ¿Yo mandilón? Ni madres.

Part I

Parte II

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Rimas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s