Un alcalde mandilón… Proyecto de novela negra… Parte II

UN ALCALDE MANDILÓN (II)
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Recuerdo que hace tiempo aparecía una revista llamada Alarma de la que escurría sangre. Las imágenes era terribles y debí de haber leído una o dos veces esa monstruosidad. Pero ahora, al leer cualquier periódico, televisión o internet, descubro que no hay mucha diferencia de lo anunciado por la Alarma. El terror es común y en este proyecto de novela negra policiaca que te platico, pudiera sonrojar la cara de alguna hija de María, al ver escurrir un cúmulo de bits ensangrentados. La realidad supera con mucho mi fantasía y deben estar pasando muchos más actos terroríficos, que ni teniendo fiebre de 40 se me ocurrirían…
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El Chipoltes nació en Petatlán Guerrero y se enroló al ejército apenas cumplidos los diez y ocho años como única alternativa de vida. Llegó a grado de capitán y así conoció prácticamente todas las zonas militares del país. Con el tiempo ganó la confianza de sus jefes a grado que, lo incluyeron en un proyecto de largo plazo diseñado para penetrar a los carteles de la droga y poco a poco llegar a controlarlos. El proyecto era destruir a los carteles desde sus bases, pero la codicia manda y como una consecuencia, se formaron diferentes grupos dentro de las fuerzas armadas. El mejor ejemplo son los Zetas, el que se salió del huacal y trabajó por su cuenta, hasta que mediante un baño de sangre, el grupo original de la milicia recuperó el control y ahora negocia con pequeños grupos locales para trabajar juntos y hacer frente a otros grupos no autorizados. El Chipotles estaba asignado a trabajar en el bajío en control de logística de suministro y de seguridad, controlando que grupos ajenos no corrompieran el negocio. Tal fue el caso de la balacera en la cervecería de micheladas, donde la gente del Chiplotles localizó a unos batos de Michoacán bien conocidos como sicarios. La estrategia seguida por el Chipotles era sencilla, rociarlos de balas a todos y tenerlos listos para el Cemefo. Pero algo falló, quedó herido el sicario principal y lo llevaron a una clínica particular para recuperarlo y luego ser interrogado por los sorches. Los guachos rodearon la clínica y esperaron a que los médicos pudieran salvarle la vida para llevarlo. Por esta acción el chipotles recibió un regaño de su jefe el CM-1, ” Te lo recuerdo Chipotles, en estos casos ni uno vivo y si puedes evitar la escandalera mejor; pero está bien, sigue cuidando la plaza”. Pian pianito, convoyes artillados hacían rondines por la ciudad, buscando amedrentar al grupo de los Destemplados, quienes eran los contras que andaban queriendo meterse en su plaza.
-¡Órale cabrones! Apúrense con las arracheras y no traguen mucho alcohol, nos espera el cerro de la Gavia –Ordenó el Chipotles a sus achichincles en el bufet Brasileño.
Llegaron en tres camionetas al filo de la media noche a un rancho, allá por inmediaciones del cerro de la Gavia. Bajaron siete compas del Chipotles de las tres camionetas y de una de ellas, bajaron a punta de culatazos, a tres tipos amordazados y tapados con capuchas. No se escucharon muchas palabras, solamente el Chipotles dando las ordenes de llevarlos rumbo al pozo. A los encapuchados, los habían localizado en un centro nocturno haciendo labor de convencimiento, para que, unos jóvenes destrampados, trabajaran para ellos en el negocio de la venta de droga. Gente del Chipotles los neutralizó encañonándolos y los condujo al galerón que tenían allá por rancho seco. Lugo, luego confesaron que chambeaban par el grupo de los Destemplados. Pretendiendo salvar la vida soltaron toda la sopa. Pero la información ya era conocida por el Chipotles y como dijo José Alfredo Jiménez la vida no vale nada, y la de estos menos. Por esa razón, los encapuchados tenían como destino dormir en el pozo. El Chipotles habría participado en Veracruz en la recuperación del grupo de los Zetas y allí sí, fueron acciones de terror, donde él, descuartizó a como 20 cristianos y regó sus parte en puentes y calles donde pasaba mucha gente con la intensión de amedrentar y aterrorizar a los grupos que nos se ajustaran a los nuevos comandos. Pero aquí en esta ciudad, todavía no era necesario exhibir, lo que de todos modos se hacía, es más, expresamente tenía órdenes de no hacer escandalera. El pozo era la solución silenciosa, simplemente se ponía una bolsa de plástico en la cabeza del los contras y se esperaba a que no resollaran. En seguida eran arrojados a un pozo como de 70 metros acompañados de bultos de cal vertidos alrededor, evitando malos olores. Uno tras de otro tocó el turno a los encapuchados.
La conciencia del Chipotles era impermeable, nada que fuera ajeno a su propia moral, la penetraba. Él sentía como sienten los que destazan puercos y reses en la carnicería de la esquina, ya muertos no hay dolor. ¿Siente algo el carnicero por la vaca que destaza? Es más, pensaba el Chipotles sobre su trabajo, si hasta en la biblia está clarito, cómo el Rey David llegaba a los ranchos de sus contras y sin previo aviso, los mataba a todos y robaba sus borreguitos. ¿Y qué no, este mismo rey mandó que su general Urías fuera puesto en un lugar de la batalla donde le dieran cayo? Y todo para quedarse con su mujer, una tal Betzabe. ¿Y a poco no, el Rey David se escabechó a su hijo Absalón por la pelea del trono? ¿Y Salomón, no acaso ejecutó al Adonías su medio hermano para garantizar su posesión del trono? La biblia escurre tanta sangre como si se estuviera hablando de Guerrero. Y en una de esas, a lo mejor, llegaría a ser poderoso como el Rey David. Así pensaba el Chipotles y ni quien lo convenciera de lo contrario.
En esas estaban cuando sonó el teléfono.
-¡Bueno! –Contestó el chipotles.
-Mi capitán, habla el cabo Lucatero y le quiero dar un mensaje de mi coronel Ahumada –Se escuchó por el auricular.
-¡Pérate, pendejo! ¿Qué, acaso tú no eres el Pinacate? ¿Qué no te dijeron que por teléfono solo digas apodos y nunca grados? Mira guey, cuando acabes de dar tu recado, le dices al CM-1 que te arreste tres días y sin goce de sueldo, y le dices que porque eres muy baboso. ¿Escuchaste Pinacate? –Sorajó el Chipotles.
-Si mi Chipotles. Bueno… Que dice mi CM-1 que como a las 12 del día estés junto al rancho el Jicote, allá por la carretera del Gogorrón en San Luis Potosí, donde usted ya sabe, para recibir un cargamento que urge –contestó medio achicopalado el Pinacate.
-Esta bien. Afirmativo –respondió el Chipotles.
-Apúrense cabrones, que tenemos trabajo en San Luis. A ver tú Rasputín termina de echar esos bultos de cal y tapas el pozo con la plancha y le pones candado. Nos vamos y se va a su casa, pero los quiero a las 9 en punto para salir de volada –ordenó el Chipotles, subiendo a la camioneta suburban y agarrando camino a la ciudad.
Tiempo después caminaron rumbo a San Luis, según las ordenes.
El calor está de la chingada –pensó el Chipotles tomando un buen trago de la cerveza bien fría, mientras esperaba en el camino de terracería junto a la carretera al Gogorrón- ya pasan de las 12, ojala se apuren los del entrego, porque el calor no se aguanta, y este pinche vehículo trae problemas con el aire acondicionado. Debí traerme otra troca.
Sonó el timbre del teléfono, poniendo en alerta al Chipotles.
-Bueno – contestó el Chipotles.
-Mi Chipotles, habla el Pinacate de parte del CM-1, que espere usted un poco más, porque la carga es extraordinaria y viene acompañada de dos Hummer artilladas, que trasvase la carga a sus camionetas y enfile en medio de las hummer con separación de un kilometro. Qué lleve la carga a la bodega de San Miguel de Allende, donde lo esperaran unos cabecillas que la compran –recitaba el Pinacate.
-Ora pues Pinacate. Afirmativo –Terminó la comunicación el Chipotles.
Como a la una de la tarde vieron a lo lejos venir una Hummer con unos uniformados asomando en torreta. Fue cuestión de poco tiempo el trasvase y enfilaron rumbo a San Miguel custodiados por las hummer.
El Chipotles destapó la enésima cerveza, pensando que de tantas, se pondría pedo y en la noche no podría tupirle duro al chinguere en la casa de citas de la tía Angelita Rivera.
Oyes Tamales, voy a dormir un rato –dijo Chipotles dirigiéndose a quien manejaba la camioneta- si hay algo me despiertas.
Antes de quedarse jetón, el Chipotles se imaginó que esa noche estaría en los brazos de la Maritza, durmiendo como un bebe inocente, tal como ahora se sentía.

(Continúa)

Parte I

Parte III

 

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