El salario real en bajada, como el país

El salario real en bajada, como el país

Antonio Gershenson
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Las autoridades hacen continuamente esfuerzos por convencer de que este país está en pleno crecimiento. Pero si vemos las cosas más objetivamente, comprenderemos que hay un estancamiento en lo general, pero crecimiento para unos cuantos.

También vemos un retroceso en el poder de compra de muchos, con las alzas de precios mayores que en los años anteriores. Y se quiere dar una imagen, sin tomar éstas en cuenta, de una gloria de 3 o 4 por ciento de aumento de salarios, por un año. El salario real de la mayoría, entonces, está bajando.

Un caso que muestra esto es el que se construyen muchos edificios, con permiso de estas u otras autoridades. Como se requieren uno u otro permisos, se recurre a la jerarquía correspondiente (a veces, ni siquiera se tiene éste), y los dueños del dinero se lanzan a romper el suelo, o todo o parte de lo construido ahí, y se lanzan a las diferentes etapas de la construcción. Ya cuando están en marcha, pobre del que, aunque sea involuntariamente, estorba el movimiento, no sólo de sus máquinas, sino de los billetes que van llenando sus bolsillos.

Se nota que eso es un gran negocio, sino, no veríamos tantas construcciones en proceso en tantos lugares. Ni les importa cuánta gente fue desalojada, ni cuánto afectan a las otras viviendas cercanas, ni a sus trabajadores accidentados, ni a las personas que ya no podrán pasar, ni nada por el estilo. En general, que yo sepa, no se trabaja sólo de noche, como se hacía en casos importantes para no afectar tanto a terceros.

Todavía que fueran multifamiliares y con las cualidades obvias pasarían, pero en la gran mayoría de los casos no es así. Deberían estimularse la agricultura, la pesca y en general la producción nacional de los bienes de consumo más importante de la mayoría de la población.

También, ya lo hemos dicho, una mayor relación con países de mayor producción y mayor población, a menor precio promedio, puede contribuir a una mayor productividad y un mejor salario.

Otro aspecto, obvio, es un sindicalismo no sólo más democrático sino más defensivo no sólo del personal trabajador sino de la mayor producción, principalmente en el sector público.

Durante las décadas de aumento del orden de 6 por ciento de la producción, el petróleo nacionalizado, y luego también otras empresas públicas, contribuyeron a ese crecimiento. No es casual que ese periodo se haya iniciado en 1940, a poco tiempo de la nacionalización del petróleo y otras medidas progresistas.

También el salario mínimo y el salario medio fueron aumentando. Ese aumento de año a año se revirtió en caída, a medida en que la burocracia más reaccionaria se fue adueñando del poder, desde la presidencia nacional.

En estas décadas recientes, también aumentó el uso del automóvil, y fue más ineficiente el transporte público. Se debe revivir el Metro, que sigue siendo muy útil pero que se requetellena cada vez más, y hay horas y lugares en que la gente tiene que hacer cola hasta el siguiente tren, lo cual golpea a su principal ventaja, la rapidez. Y también ampliar el Metrobús, y también sus rutas.

Otro enemigo del progreso en este y otros campos, es la corrupción. La impunidad de las empresas cuya imprudencia y ambición están causando hasta muertes, sigue incluso con sus obras y negocios. Empresas que han sido prohibidas en otros países (Odebrecht, Uber), aquí siguen en el voy derecho y no me quito.

En este periódico ayer sábado, aparecieron más noticias. En el título principal está que Odebrecht creó oficina especial para documentar los sobornos. Y en páginas interiores: La liberación de Amado Yáñez (el dueño de Oceanografía), para ocultar complicidades en saqueo de Pemex: senadores. La iniciativa, encaminada a erradicar la corrupción. El PRI, responsable de frenar la ley de concertación de obra pública: Barbosa. Ligan con sobornos de Odebrecht a decenas de políticos brasileños. ¿Qué resultaría con una investigación similar de esa empresa en México, donde sigue operando impunemente?

En ese periodo, volvió a aumentar el poder de los multimillonarios, y en especial de las trasnacionales. Hubo fluctuaciones, pero la tendencia general fue yéndose hacia atrás, hasta llegar al actual tiempo en que la pelea más evidente por el poder es de la derecha panista contra la derecha priísta. Después de dos sexenios de gobierno panista, llegaría a la Presidencia el PRI que rebasa por la derecha al PAN en varios de los principales aspectos, incluidos el petróleo y la electricidad, y aprovechándose de la división de la izquierda.

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