La crisis está en la mente: Peña Nieto (Cuento de Kalimán el hombre increíble) continúa

La crisis está en la mente: Peña Nieto (Cuento de Kalimán el hombre increíble) continúa

Kalimán, el hombre increíble, salió de la vecindad a paso veloz, no por las prisas del llamado de los pinoles, sino por ser su propia naturaleza y predica, pues el tiempo que se va no lo alcanzamos y lo de menos es correr, para que transcurra más lento.  En la esquina lo esperaba su carcacha, un vochito de los ochenta, bien pintado de morado y en las mejores condiciones mecánicas. Abrió la pequeña cajuela y volvió a revisar el costal donde guardaba lo necesario para realizar las limpias y lavados de cerebro.

El costal era de manta y pintado de color negro con estrellas de David pintadas en su exterior con pintura fluorescente y tintes que brillaban con luz ultravioleta producida por una lámpara que para el propósito cargaba. En cada sesión, desocupaba el costal y lo colocaba como una cortinilla donde por la oscuridad ambiental, exigida para la ceremonia, resaltaba por efectos luminosos un círculo central con todos los signos zodiacales rodeado de las estrellas.  Vació el costal quedando su contenido regado en la cajuelita y uno a uno, los objetos fueron regresados.

Primero metió la lámpara fluorescente enfundada en su caja de protección. Luego siguió el cirio pascual consumido hasta los 30 centímetros, cuando que de origen medía un metro, e indicando por su baja estatura,  que los negocios iban bien. Un cáliz de bronce a semejanza de los usados en las misas, esto impactaba sobremanera al incauto, perdón, al paciente. Desde luego no podía faltar la botellita de vino de consagrar, el que daría a tomar en el cáliz al paciente antes de hacerle la limpia con alcohol y hierbas de albahaca y lavanda, las que metió en la contabilidad del costal. Sin faltar el incensario con carbón y copal necesario para el sahumerio que llenará el espacio con sombras y olores embriagadores.  Acompañaban al bagage unos gorros y antifaces de tela negra que deberían de colocarse los participantes para favorecer que durante el ritual se sintieran transportados.  Contabilizó los jitomates, cebollas, ajos, cilantro y aceite de olivo, y los recipientes y cuchillos necesarios para hacer un pico de gallo que sería mezclado con los hongos alucinógenos tan necesarios para curar al enfermo. Sí, los hongos alucinógenos, de cuya arte de cura había aprendido Kaliman, antes de llamarse Kaliman, en el Oaxaca de María Sabina y esto sucedió porque  la abuela de Kaliman era también curandera famosa en esos montes y utilizaba al chamaco inicialmente como veytraime y posteriormente como ayudante y practicante de aquellas artes tan oscuras en el tiempo como los chamanes zapotecas. A temprana edad Teódulo (antes de ser Kalimán), era ya un curandero famoso y de habilidades de huesero y preparador de pócimas medicinales, cuya receta aprendió de su abuela. La clientela era numerosa y todo iba de color de rosa hasta que murió la abuela. Pronto salió de la serranía de Oaxaca debido a que otros curanderos competidores vieron el momento para favorecer sus interese y, se pusieron de acuerdo para amenazarlo de muerte y se saliera de ahí. Llegó a la gran ciudad y se hizo ocupar como campanero y  sacristán del templo de San Jorge en un barrio a las orillas de la gran ciudad.

Teódulo pudo desempeñar bien su trabajo como sacristán debido a que en su pueblo ayudaba, desde que tenía razón,  en las ceremonias religiosas de su capilla, incluso se aprendió todos los responsos en latín de las misas ordinarias y de difuntos. Ayudar al padre Lencho no solo fue un recurso para ganar algo de dinero, sino que, acompañando al cura por diferentes lugares, conoció y se relacionó con todo tipo de gente. Aprendió el arte de tratar bien a la personas, asimiló los sermones y podía recitar, de acuerdo al caso, los mismos argumentos utilizados por el sacerdote en su explicación de los evangelios. Sin darse cuenta, Teódulo asimilaba poco a poco el arte de la manipulación, hasta el punto que un día se sorprendió, a sí mismo, como es que convenció a un ateo de que estaba en el error de no creer en Dios. Siendo que el mismo no estaba muy convencido. Puesto que nunca abandonó la práctica de curar con hierbas y hongos, la combinación de este método con el arte de la manipulación, le llevaría a resultados increíbles. Tanto que, la gente que recibía su tratamiento increíblemente mejoraba su posición económica y relaciones personales. Él pensaba en Freud y se imaginaba los buenos resultados obtenidos por el maestro de haber conocido las técnicas de María Sabina y de su abuela Porfiria. Poco a poco la fama de Teódulo como curandero crecía. El padre Lencho estimuló a completar su educación para que terminara su prepa, y le pagó todo un curso completo de ingles hasta que lo dominó como si fuera un gingo. El templo ya era viejo y la escalera hacia las campanas se vino abajo en gran parte. Era domingo y necesariamente habría que tocar las campanas. Ese día, Teódulo descubrió sus habilidades como escalador, ya que trepó por el exterior de la nave y llegando hasta las campanas las  tocó como nunca en medio de los aplausos de la gente congregada en el atrio. Esta operación la realizó por espacio de cuatro domingos, hasta que repararon la escalera de la torre. La fama de Teódulo como hombre mosca, bilingüe, curandero y consejero espiritual, le hizo sentir que aquella parroquia detenía su ascenso en la vida. Habló con el padre Lencho sobre su inquietud y después de agradecerle infinitamente lo que de él recibió, Teódulo le garantizó que Hermía y su familia podía sustituirlo sin problemas en la sacristía.   Se mudó al centro de la gran ciudad y alquiló un cuarto donde realizaba curaciones a la clientela que nunca le faltaba. Teódulo era muy inquieto con eso de la manipulación, razón por la que los domingos la hacía de merolico vendiendo hierbas y curaciones. Alguna vez observó a un tahúr engañar a la gente con el juego de la bolita y se propuso aprenderlo, y lo hizo. Fue así que conoció a Solim en un domingo por la tarde. Teódulo movía los tres vasitos escondiendo la bolita en alguno de ellos y apostaba a quien fuera, señalara donde estaba la dichosa bolita. Desde luego que Teódulo dejaría ganar a algunos clientes solo para animarlos y otros también apostaran y finalmente perdieran parte de sus apuestas. Solim portaba un turbante de tipo hindú y vestía de blanco. Por sus facciones morenas, Solim,  definitivamente parecía un hindú y llamaba poderosamente la atención de Teódulo.  Solim estuvo por  espacio de las tres horas que duró la estafa y al final acercándose a Teódulo y le dijo: Maestro necesito hablar con usted, nunca había conocido a alguien con esa virtud de mirar al través de las personas, lo he notado y quiero aprender de usted…

Kalimán terminó de llenar el saco y volteando por encima del vochito vió que Solim llegaba.  

-Maestro Kalimán ya estoy con usted. Mis meditaciones filosóficas de la maña terminaron y ordéneme que haremos   -Esto dijo Solim al tiempo que flexionaba su cuerpo  a la mitad y pasaba su mano por la frente tocando su tercer ojo, representado por un punto negro en medio de los ojos

-Mi querido Solim, hemos de cumplir la misión de curar el cacumen de un individuo que al parecer, ya no sabe si viene o va. Habremos de dirigir nuestro vochito a los pinoles para revitalizar el psique empapado de las tinieblas de la confusión y la desesperanza. Nuestra tarea como muchas otras, consistirá en arrojar a los demonios de la idiotez, de un cualquiera, e intentar que la luz del universo tome el espacio de los pensamientos necios. La abuela Chuky nos llama para que lavemos el cerebro de su nieto y lo traigamos del mundo de las mentiras y lo hagamos pisar este mundo de los desterrados hijos de Eva.- Contestó Kalimánen en un arranque de inspiración.

-¡Oh! Maestro Kalimán, señor de las mil y una luces, acudir con la abuela Chuky me permitirá saludar a la gaviota, tengo ya muchos ayeres que no la saludo y la neta la extraño  -Le contestó Solim mostrando una sonrisa de carita feliz.

-¿Conoces a la gaviota? –Preguntó Kalimán, moviendo una de sus manos por la frente de Solim, como queriendo conocer sus pensamientos.

-Si, la conocí en el congal llamado “El canal de las estrellas” cuando era chavita y chambeaba de bailarina y de servicios especiales. Yo le pagué por sus favores, pero como era muy cara, dejé de ir al congal y desde hace unos años no la saludo…. Pero subamos al coche, sino, se nos hace tarde. En el camino le platicó más de la gaviota – Contestó Solim abriendo la puerta del vochito y subiendo se acomodó a espera a Kalimán… (Continuará)

(lerolico)       

 

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