De catarritos y huracanes… Carstens y la meteorología… FMI recorta una vez más

México SA

De catarritos y huracanes

Carstens y la meteorología

FMI recorta una vez más

Carlos Fernández-Vega
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Durante el calderonato pronosticaba catarritos que terminaban en pulmonías galopantes, y ahora en el gobierno peñanietista Agustín Carstens vaticina huracanes. Primero como médico en la Secretaría de Hacienda, y más adelante como meteorólogo en el Banco de México, pero en cualquiera de los casos no logró atemperar la sacudida del país.

Con el tal Jelipe en Los Pinos el citado personaje afirmaba (2008) que era tal la fortaleza económica del país que el diagnóstico histórico había dado un giro de 180 grados, es decir, si antes a México le daba pulmonía si Estados Unidos apenas tenía un resfriado, en plena modernidad nacional era exactamente al revés. ¿Resultado del diagnóstico? El PIB mexicano se desplomó 6.5 por ciento en 2009, el año de –precisamente– el catarrito, la peor caída en ocho décadas.

A pesar de lo terriblemente fallido de su pronóstico como secretario de Hacienda y el elevadísimo costo que pagó el país, el sistema premió al doctor Carstens quien no sólo cambió de chamba sino de giro: se fue a gobernar el Banco de México y ahora, como meteorólogo, dedica su tiempo y conocimiento a la detección oportuna de huracanes y tormentas político-económicas.

En días pasados advirtió que México deberá tomar sus precauciones, porque se avecina un huracán cuya categoría se conocerá el próximo 8 de noviembre, paralelamente con los resultados de la elección presidencial en Estados Unidos, aunque cualquiera que sea el vencedor (Hillary o Trump) tendría efectos no precisamente positivos para nuestro país, toda vez que ambos candidatos mantienen un discurso proteccionista, y eso tiene que analizarse con cautela.

El meteorólogo central maneja el discurso como si México estuviera en jauja y lo de la solidez económica nacional fuera la neta del planeta (parece que su tendencia es repetir el pronóstico de 2008), pero adelantó que el pronóstico augura un huracán de bastante más intensidad si Donald Trump gana las elecciones estadunidenses y termina como inquilino de la Casa Blanca (la de allá).

Efectivamente, el pronóstico de tormenta surge de la probabilidad de que el empresario neo nazi intente borrar a México del mapa, o cuando menos lo convierta en un campo de concentración con un elevado muro de 3 mil kilómetros de largo, pero nada garantiza que la Hillary haga lo propio, aunque se supone que de forma más sutil. De cualquier forma, la clase política mexicana no debe quejarse, pues fue su cara visible (el inquilino de Los Pinos) quien reposicionó a Trump.

Pero el pronóstico de huracán sólo se basa (Carstens dixit) en el resultado electoral estadunidense, como si internamente el horno estuviera para bollos, cuando es por todos conocido y padecido el permanente deterioro que registra la economía mexicana a duras penas sostenida con cada día más delgados alfileres, en espera permanente de los beneficios de las reformas, que en los hechos ni se asoman.

En vía de mientras, apenas arrancó el décimo mes del año y de inmediato comenzaron los recortes al pronóstico de crecimiento económico del país. Primero fueron los especialistas del sector privado consultados por las huestes del citado meteorólogo, y ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que redujo su estimación por tercera ocasión consecutiva en el año.

Dice el FMI que para México “se proyecta que el crecimiento se reduzca a 2.1 por ciento en 2016 (0.4 puntos porcentuales menos que su cálculo de julio pasado), debido a la atonía de las exportaciones en el primer semestre del año (antes del ‘huracán’ electoral de Estados Unidos). Se prevé que en 2017 el crecimiento se acelere ligeramente a 2.3 por ciento (una baja de 0.3 puntos) a medida que repunte la demanda externa, y a 2.9 por ciento a mediano plazo, una vez que se consoliden las reformas estructurales”.

Bien, pero si se cumple el más reciente pronóstico fondomonetarista (la tendencia es que el crecimiento sería aún menor) el sexenio de Enrique Peña Nieto sobresaldría, sí, pero por el pésimo resultado en la materia, toda vez que el promedio anual de avance no pasaría de 2 por ciento, en el mejor de los casos, es decir, lo que el propio EPN garantizó que no sucedería si el Congreso le aprobaba su paquete de reformas. Y aprobado está.

En su análisis global el FMI advierte que “el crecimiento económico de años recientes ha defraudado las expectativas tanto en las economías avanzadas como en las economías de mercados emergentes. A medida de que la economía a nivel mundial va dejando atrás la crisis financiera internacional, los factores que afectan la evolución económica del planeta están tornándose más complejos. Las causas son una combinación de fuerzas mundiales –tendencias demográficas, una disminución persistente del crecimiento de la productividad, el ajuste ante precios más bajos de las materias primas– y shocks derivados de factores internos y regionales”.

Las economías avanzadas, apunta el organismo, estuvieron en el epicentro de la crisis financiera mundial. Ocho años después del colapso de Lehman Brothers se ha avanzado mucho en la reparación del daño macroeconómico infligido por la crisis, pero los avances son desiguales y las cicatrices de la crisis siguen siendo muy visibles, en especial en algunos países.

Por lo que toca a las economías de mercados emergentes y en desarrollo, las tasas de crecimiento han sido aún más variadas que las de las economías avanzadas, y las perspectivas siguen siendo diversas entre los distintos países y regiones. De hecho, mientras el crecimiento rápido de países como China e India ha sostenido el crecimiento mundial, las profundas recesiones registradas en algunas economías de mercados emergentes y en desarrollo han supuesto un lastre especialmente fuerte para la actividad mundial en 2015 y 2016. Los factores que han determinado las tasas de crecimiento de este grupo de países incluyen la desaceleración generalizada en las economías avanzadas; el reequilibrio de China; el ajuste a los precios más bajos de las materias primas; la incertidumbre del entorno externo, con cambios notables de actitud frente al riesgo a lo largo del tiempo, y la tensión geopolítica y los conflictos en varios países y regiones.

Entonces, el huracán es mucho más que el proceso electoral en Estados Unidos.

Las rebanadas del pastel

Otro huracán, éste en el mercado cambiario, mantiene elevado el precio del billete verde. Ayer fueron necesarios 19.74 pesitos para comprar uno con la foto de George Washington.

Twitter: @cafe-vega

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